QUITEMOS AL PUEBLO LOS GRILLOS DE LA CABEZA

La ignorancia y el miedo, han sido los grandes instrumentos de hegemonía y permanencia de las dictaduras en Venezuela

CULTURA 16/07/2023 Rafael Simón Jiménez
Rafael Simon Jimenez
Cipriano Castro

Bolívar el más grande hombre que haya nacido en estas tierras sentenciaba que “… un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción “; y en efecto desde el Nacimiento de Venezuela como República Independiente en 1830, nuestro devenir estuvo marcado por el predominio del personalismo, el caudillismo, el militarismo, y todas la formas despóticas y tiránicas de imposición y dominación, que funcionan al margen de toda construcción jurídica o institucional.


El siglo XIX venezolano, tuvo como trasfondo una interminable confrontación interna, manifestada en contiendas, guerras, confrontaciones fratricidas, muerte y destrucción, apenas interrumpidas cuando un hombre fuerte llámese Páez, Monagas, Guzmán Blanco o Joaquín Crespo, logre imponerse circunstancialmente por la fuerza. Ese ciclo siniestro tuvo como epílogo la llegada de Cipriano Castro al poder en noviembre de 1899, y la derrota en Ciudad Bolívar en julio de 1903 de los últimos focos de resistencia de la llamada Revolución Libertadora liderizada por el banquero y General Manuel Antonio Matos, que contradictoriamente será la más grande y a la vez la última de las confrontaciones, con la que se cerrara el ciclo de las guerras civiles en Venezuela.


Pero la conquista de la paz, será a sacrificio de la libertad, pues el país vivirá por 35 años bajo las primitivas y brutales tiranías de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, cuya consolidación, en el caso de este último se producirá mediante la construcción de un terrorífico sistema de represión y amedrentamiento colectivo, que impondrá por casi tres décadas la resignación y el silencio, apenas interrumpidas por quijotescas aventuras de Arévalo Cedeño, Juan Pablo Peñalosa, Horacio Ducharne o José Rafael Gabaldón, y en febrero de 1928 por la irrupción de una nueva generación cargada de rebeldía e idealismos, que sin lograr derrocar a la dictadura sembrara la semilla para la democracia del futuro.


Al amparo de la construcción de un ejército profesional, de crecientes ingresos petroleros, y de los intereses foráneos que comenzaban a fijar sus ojos en las riquezas de Venezuela, la dictadura Gomecista, logra perpetuarse, su jefe que ha desplazado en diciembre de 1908, a su atrabiliario y lenguaraz compadre Cipriano Castro, al ausentarse este último del país, comienza su gestión proclamando ideales de apertura política, derechos y libertades, solo para construir en el cuatrienio siguiente un sistema de terror, que le permite entre 1913 y 1914 quitarse la máscara y dar comienzo a su prolongada dictadura.


“Para mis enemigos, tengo la muerte con agujita y grillos de sesenta libras”, proclamaba desvergonzado el tirano de la mulera y en efecto su sistema represivo incluía terribles ergástulas de mortífera fama como La Rotunda, las Tres Torres, el castillo de Puerto Cabello y el de San Carlos, allí irían a parar miles de venezolanos, atormentados por los suplicios, por el hambre, el veneno que ingerían en sus miserables raciones, muchos de los cuales dejaron sus vidas en aquellos antros de horror.

Uno de los inquilinos habituales y distinguidos de las mazmorras gomecistas fue el poeta Andrés Eloy Blanco, hombre comprometido desde muy joven con la causa de la libertad, lo que le costó largos cautiverios en la Rotunda y el Castillo de Puerto Cabello bautizado por el mismo como el “barco de Piedra”, pues los calabozos de ese centro de suplicios se encontraban bajo el nivel del mar. Torturado y con grillos de 80 libras, el afamado poeta ni aún en los momentos más rigurosos de su prisión dejó de ejercitar su ingenio y gracia para la creación literaria, sacando a la calle mucho de sus poemas bajo las más insólitas formas, que lograban burlar el control de los esbirros y carceleros.


El 17 de diciembre de 1935 muere Juan Vicente Gómez, y dos días después su sucesor el general Eleazar López Contreras, concede audiencia en Maracay a un grupo de personalidades, representantes de los más variados sectores y actividades de la nación, quienes lo imponen de un pliego de exigencias frente a la nueva realidad, que incluyen libertad de los presos políticos, regreso de los exiliados y un sistema de derechos y garantías para el conjunto de los ciudadanos, por los visitantes toma la palabra Andrés Eloy Blanco, quien en elocuentes palabras impone al nuevo mandatario la gravedad de la situación y de las grandes expectativas que existe en relación a su gestión que debe tener sentido reformista y liberalizador. 


 El Nuevo Presidente, hombre sensible y ajeno a métodos y procedimientos arbitrarios, comienza una apertura democrática, ordenando el cierre de las cárceles, autorizando la libertad de los presos y el regreso de los desterrados y asegurando un gobierno apegado a la ley. Para materializar las intenciones y propósitos de la administración que se inicia, se realiza a comienzos de febrero de 1936 un acto simbólico en el castillo de Puerto Cabello, donde se destruyen, acopian y luego se lanzan al mar catorce toneladas de hierro, utilizado como grillos y otros instrumentos de martirio para el suplicio de los enemigos de la dictadura.


El orador en el acto de repudio a los métodos de la tiranía, es Andrés Eloy Blanco, quien con su lirismo acostumbrado pronuncia un discurso memorable donde destaca “…Hemos echado al mar los grillos de los pies, vayamos ahora a la Escuela a quitarle a nuestro pueblo los grillos de la cabeza, porque la ignorancia es el camino de la tiranía. Hemos echado al mar los grillos en nombre de la patria, y maldito sea el hombre que intente fabricarlos de nuevo y poner una argolla de hierro en la carne de un hijo de Venezuela…”

 Fuente: Revista En el Tapete

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