Prestigio y referencia

JEQUE, CONDE O BUFÓN

Cuentan las crónicas venezolanas que, por allá, por 1982, vino un supuesto jeque árabe que se vaciló de lo lindo a lo mejor de la sociedad caraqueña

Información Nacional 02/07/2023 José Blasini

El hombre vino con una oferta de ganancias inigualables para los inversionistas y de empleo, bienestar y progreso para el país. El "jeque", que se hacía llamar Alá Al-Tamani, cerró su visita oficial con un fiestón en el Tamanaco, donde terminó de reunir los aportes de los entusiastas inversionistas, que dicen que fueron decenas de millones de dólares, repartió cheques de bancos internacionales, como garantía de las inversiones y, a medianoche, como Cenicienta, se despidió de los asistentes. Más nunca lo volvieron a ver. Al día siguiente, cuando los locales fueron a cobrar sus cheques, los cheques resultaron de goma. Inversionistas, hoteles, sastres y proveedores quedaron ensartados. Curiosamente, a nadie le extrañó que el jeque fuera un diablo bailando salsa.

 


Hace poco, en Venezuela apareció otro enviado. No de tan lejos como desde el medio oriente, sino de una comarca, más pequeña y más cercana, una que llaman Musipán. Esta vez, no era un jeque, dijo que era un Conde. Parece que como que si venía de esa comarca, pero como que su cargo en la corte no era el de conde, sino, más bien, de diversión, como el de un bufón*. Igual que el jeque aquel, vino con la misma oferta de empleo, bienestar y progreso. Pero no vino a entusiasmar a inversionistas de la sociedad caraqueña. Quería entusiasmar a todo el país.
 


¿Tuvo éxito? Como que no. Y es que no se entiende como alguien que ha hecho del dominio de las cámaras y de los micrófonos la clave de su éxito, haya sido tan particularmente grisecito cada vez que lo entrevistaban en algún medio audiovisual. ¿Dije gris? No. Menos. Es que, si este conde siempre dio la impresión de ser un tipo inteligente y ocurrente, ¿cómo se entiende que haya sido tan manso en la presentación de sus ideas? Lo primero que se le viene a uno a la mente, es que sus asesores políticos eran malazos. No hay otra forma de explicar la distancia tan grande entre la imagen del "candidato" y la que ya, antes, todo el mundo tenía de él. Se destruyó en las entrevistas. Las respuestas más chimbas a las preguntas más bombita. ¡Por Dios! ¿ese equipo nunca oyó hablar de la palabra "preparación"? Que, por cierto, siendo un cultor de las artes escénicas, uno pensaría que sin un buen ensayo no se para frente a una cámara… La otra explicación, es que, como político, no tiene nada en la bola. Como una recta que no pasa de 60 millas. Buena en una caimanera. Pero ni pensar en las grandes ligas.  


Las primarias y los que van por fuera


En estos días pasados, cuando el enviado de Musipán todavía estaba en carrera por las primarias, alguien le preguntaba a una amiga que si el ganador de las primarias era el Conde del Guácharo, si ella votaría por él en el 24. ¡Nunca! Fue la respuesta tajante de esta vehemente opositora. Porque era opositora. Pero con límites. Eso sí.

Y es que esta clase de opositores sueña con que haya un cambio de gobierno, pero, con franqueza, no se sabe con quien sueña. Porque no le gusta el gobierno, pero no le disgusta tanto como para votar por otro, aunque ese otro fuera el que le pudiera ganar al gobierno. Que el otro hubiera sido electo en una primaria. No le importa. Que esa primaria, teóricamente, fuera el mecanismo más democrático de selección. Tampoco le convence. ¿Entonces?

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Bueno, duélale a quien le duela, pareciera que el chavismo si ha ganado todas las elecciones que ha ganado. Porque pareciera que los chavistas no discuten. El candidato es fulano y punto. A lo mejor no fue tanto que el chavismo ganó, como que la oposición perdió. ¿Porqué? Porque los opositores "piensan". De eso están orgullosos. Y están seguros de tener la razón. Aunque cada uno tenga una razón distinta. Por eso, si alguien quiere dividir para vencer, la tiene facilita. Basta con promover y apoyar a un grupito de candidatos, para todos los gustos, (religiosos, de derecha extrema, de derecha media, LGBT-Z, regionales, chistosos, del pueblo, o con algún nombre conocido), y listo, votos divididos entre quien haya ganado esas primarias y todo este seresere. Si se escogen medianamente bien a estos otros candidatos, los opositores nunca podrán ganar. Aunque sean muy mayoría. Y hasta que no entiendan porqué pierden siempre.

(¿Que quién escoge a estos otros candidatos? No parece que sean solo los sospechosos habituales. Manuel Vicente Romero García, por allá por 1896, decía que “Venezuela es un país de mediocridades engreídas y nulidades consagradas”*. ¡1896! No dudo que haya quien tenga interés de dividir.

Tampoco que haya quien sinceramente se crea que es la única solución. Modestia aparte. ¡1896!)    
“Venezuela es un país de mediocridades engreídas y nulidades consagradas”* dijo Manuel Vicente Romero García, por allá por 1896 .


¿Solos o mal acompañados?


Y los opositores pierden siempre porque para ganar, tendrían que tener bien presente aquello de que lo perfecto es enemigo de lo bueno y apoyar al que haya sido designado candidato. Aunque no sea el que más le gustaba. Si no, que tomen el Metro en cualquier estación, se vayan para El Valle... y lloren.

Y, ¿los aspirantes qué? Bueno. Lo mismo. Todo aquel que diga que, "oyendo el clamor del pueblo", sea jeque, conde o bufón, va a ser candidato por su cuenta, pues, es divisor. Punto. Y sospecho que no le va a ganar a nadie. Y si le va a hacer el favor a alguien. Y vaya usted a saber si se irá en el mismo Metro para El Valle, o si vivirá después con la letra escarlata de que se vendió. Sea cierto o no. Y si no fuera cierto, cargar esa cruz con tristeza. Aunque, por otro lado, si fuera cierto, siempre le queda la esperanza de que el precio de venta compense el malestar de la carga.


Como gallinas sin cabeza, corriendo para todos lados (anexo de última hora)

Después de que todas estas galimatías estaban escritas, a uno de los candidates ¡le inhabilitaron! Y ahora pienso yo, si será que el enviado de Musipán estará pensando si fue que se bajó del autobús antes de que llegara a la parada. Para más, por allí como que anda otro que también es inhabilitable.

Y a poco de unas semanitas antes de esas primarias, todo el mundo anda corriendo como gallinas sin cabeza.
 
¿Los candidatos? Perdidos como el hijo del aviador aquel. ¿Los votantes? Bueno. Ya los votantes estaban perdidos antes. Si hay una mente detrás de todo esto, guste o no, ¡es brillante! Ahora, todos tienen que jugar este partido, con nuevas reglas. Y surgen mil preguntas: ¿Los candidatos inhabilitados van a aspirar?; ¿Aspirarán por dentro o por fuera?; ¿Los que si están habilitados van a participar?; ¿Los votantes van a tener idea de que es lo que hay que hacer? …

La única salida parece un pacto. Tratar de ubicar aquella quinta famosa, la del pacto anterior, y ponerse creativos. Muy creativos. No tienen de otra. El contrario ya mostró que, o si es muy creativo, o es muy sortario. Es lo mismo. Y, si los opositores vuelven a perder, una probabilidad que en Las Vegas hoy estaría pagando bajísimo, no volteen a ver para los lados. Busquen culpables en los espejos.

 

Publicación original en la revista  En el Tapete

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