Prestigio y referencia

Falta de planificación deja sin agua a Uruguay frente a la crisis climática

AMERICA LATINA Y EL CARIBE 14/07/2023 Lucía Cuberos
Uruguay sin agua
Bajos niveles de agua en el embalse Paso Severino, que abastece a 60% de la población uruguaya, en una imagen del 1 de julio. Una sequía sin precedentes ha provocado una crisis hídrica histórica en el país sudamericano.

MONTEVIDEO – Desde mayo, el agua corriente que reciben más de 1,7 millones de habitantes de capital de Uruguay y su área metropolitana contiene más del doble de sodio permitido en la normativa local.

Según las autoridades, se trata de una situación excepcional que regirá mientras no llueva lo suficiente para recomponer los niveles del embalse Paso Severino, que está ubicado sobre el río Santa Lucía y abastece a 60 % de la población del país.

Es que debido a la escasez de precipitaciones que afecta a Montevideo y al resto de Uruguay desde hace tres años, las reservas de agua dulce se redujeron a mínimos históricos y hoy el país atraviesa una de las peores crisis hídricas jamás registradas.

Ante ese panorama poco alentador y sin alternativas previstas, el gobierno decidió acudir a medidas extremas y comenzar a mezclar agua del Santa Lucía con agua salada del río de la Plata para poder brindar servicio a la población.

Esto, sin embargo, elevó los niveles de sodio y cloruros en el proceso de potabilización, algo que ha sido cuestionado tanto por el espectro político como por la academia, debido a los riesgos para la salud que la salinidad podría traer aparejados.

Es así que en medio de movilizaciones sociales, reclamos sindicales y una creciente demanda de compra de agua embotellada por parte de la población, las autoridades buscan una salida viable para asegurar el abastecimiento de agua potable y monitorean –casi minuto a minuto– los niveles de reservas con el objetivo de contar con un poco más de tiempo.

Actores de diferentes ámbitos coinciden en que el déficit hídrico por el que atraviesa el país –el más grave de los últimos 50 años– ha llegado para quedarse y que no se trata de un fenómeno coyuntural que se solucione con el aumento de las precipitaciones. El cambio climático y una sequía récord son las causas más profundas detrás del problema, coinciden.

 
La Asociación de Limnología del Uruguay sostiene en un comunicado que los problemas relacionados a la disminución de la calidad y la cantidad de agua dulce “han aumentado en frecuencia y magnitud en la última década”.

La intensa sequía asociada al fenómeno de La Niña desde 2020 “condicionó el colapso de las reservas de agua para consumo humano” en la ciudad de Montevideo y la zona metropolitana.

El presidente de la asociación, Franco Teixeira de Mello, dijo a Diálogo Chino que la sequía instalada acentuó los problemas de disponibilidad de agua en cuanto a cantidad, pero el cambio climático lo hizo en cuanto a problemas de calidad. Por eso sostiene que esta situación no responde a un hecho aislado, sino que “hay que estar preparado porque no es algo circunstancial”.

“La crisis hídrica es producto de la falta de ejecución de políticas ambientales vinculadas al cuidado de los cursos de agua, y la sequía acentúa esta problemática”, agregó Teixeira de Mello.

Para Marcel Achkar, geógrafo de la Universidad de la Republica, las causas que llevaron a la crisis hídrica son, por un lado, el cambio climático, y por otro, la ausencia de un ordenamiento territorial que permita maximizar la producción de agua de la cuenca del río Santa Lucía, la principal fuente de agua potable de Montevideo.

“La mayor parte de las acciones que se hicieron en la cuenca en las últimas décadas [producción agrícola, ganadera e industrial] conducen a la disminución de su rendimiento hídrico”, sostuvo.

Botes
Botes en el río Santa Lucía, en las afueras de Montevideo. Además de ser la principal fuente de agua potable de la ciudad, en el río se realizan actividades recreativas como navegación y pesca.

 

Bebible pero no potable


El embalse de Paso Severino contaba en junio con solo 3,5 millones de metros cúbicos de agua, cuando su capacidad normal es de 67 millones, siendo el menor nivel de reservas de la historia del país hasta ese momento, explicó a Diálogo Chino Edgardo Ortuño, el director de Obras Sanitarias del Estado (OSE) por el Frente Amplio, el principal partido opositor en Uruguay.

El 10 de julio, el gobierno informó que el nivel del embalse había descendido a menos de 1,9 millones de metros cúbicos, rompiendo un nuevo récord.

“La planta de Aguas Corrientes [que abastece al 100% del área metropolitana] se quedó sin reservas suficientes, por lo que tenemos que tomar agua salada del Río de la Plata y abastecer a la población con lo que el gobierno denomina ‘agua bebible pero no potable’”, dijo Ortuño a Diálogo Chino en junio.

Ortuño se refirió así a los dichos del ministro de Ambiente de Uruguay, Robert Bouvier, quien dijo semanas atrás que el agua de OSE a la que se le aumentó la salinidad, “no es potable en la definición perfecta de la potabilidad, pero es bebible y consumible”.

Así, se hizo eco de las declaraciones de la ministra de Salud Pública, Karina Rando, quien si bien aseguró que “no hay riesgo para la salud” al consumir agua de la canilla, igualmente recomendó a las personas hipertensas, con problemas renales o insuficiencias cardíacas y embarazadas disminuir su consumo.

Según los anuncios del presidente Luis Lacalle Pou a finales de junio, la excepcionalidad en relación a los parámetros se extenderá por 60 días más.

Su gobierno autorizó recientemente un aumento temporal de los límites de los niveles de sodio y cloruro permitidos en el suministro de agua, de 200 miligramos por litro a 440 mg/L en el caso del sodio, y de 250 mg/L a 720 mg/L en el de los cloruros, niveles que, al parecer, ya se han alcanzado y superado durante varios días.

También ha aumentado la presencia de trihalometanos, un subproducto que surge de la desinfección con cloro del agua tratada para consumo humano.

En ese sentido, el Ministerio de Salud Pública autorizó a OSE a quintuplicar el índice permitido de este elemento, algo que causó mucha controversia por los posibles efectos que este compuesto podría generar en etapas precoces del embarazo.

Ortuño afirmó además que “lejos de ser una situación excepcional, la variabilidad climática ha llegado para quedarse”, lo que determina que las sequías sean cada vez más recurrentes, con mayor extensión territorial y más duración temporal.

Ante ese panorama, lo importante es impulsar una “política de Estado de mediano y largo plazo” que sea construida como un acuerdo nacional por el agua, agregó, que permita mejorar la gestión de los recursos hídricos de Uruguay.

Consultado respecto a cuáles deberían ser las inversiones en infraestructura, Ortuño dijo que lo que debería encararse con urgencia es la instalación de nuevos represamientos de embalse de agua bruta para su potabilización, como es la construcción de la represa en Casupá.

Este proyecto, también ubicado en el río Santa Lucía, está en el radar del gobierno uruguayo desde 2013 y permitiría represar 118 millones de metros cúbicos adicionales. Tendría un costo de US$100 millones.

Casupá es “la única alternativa” para el abastecimiento de agua potable y “no haberla construido todavía ha sido un disparate”, sostuvo Ortuño.

En cambio, el proyecto Neptuno, la iniciativa privada que impulsa el gobierno de Lacalle Pou, es “la peor de las alternativas” y un “negocio económico” agregó. Neptuno propone construir una planta potabilizadora y una toma de agua en el río de la Plata, en la zona de Arazatí.

Y si bien la inversión corre por parte del consorcio de empresas privadas, OSE deberá pagarle una cuota fija de 41 millones de dólares anuales por la operación.

Daniel Greif, ingeniero civil y exdirector del primer Plan Nacional de Aguas, también criticó la decisión del actual gobierno nacional de seguir adelante con ese proyecto en lugar de construir Casupá, de la que ya existían abundantes estudios que confirmaban su eficacia.

Tenemos que tomar agua salada del Río de la Plata y abastecer a la población con lo que el gobierno denomina ‘agua bebible pero no potable’: Edgardo Ortuño.


«Neptuno, que ni es nuevo ni bueno, y que ya había sido desechado por los técnicos de OSE en el plan director del área metropolitana, fue una solución que se descartó por compleja, por costosa y porque tampoco resuelve los problemas de abastecimiento, porque incrementa la producción pero no el almacenamiento”, dijo Greif.


Diálogo Chino intentó comunicarse con autoridades del Ministerio de Ambiente del Uruguay para conocer más sobre la situación actual, pero desde el gobierno informaron que Presidencia dispuso ser el único vocero autorizado para informar sobre la problemática del agua potable en el área metropolitana, quien no respondió a la consulta.

Nuevos desafíos


Hay un aspecto en el que todos los expertos consultados coinciden y que es resumido por Greif: “El país debería haber estado más preparado para enfrentar una situación así”. Para el experto, si bien existe un tema estructural que es la falta de capacidad de OSE para enfrentar una sequía, hay un problema de gestión de la crisis, que desembocó en un escenario de abastecimiento sin precedentes en el país.

Así lo perciben además diversas organizaciones sociales, las cuales han llevado adelante numerosas manifestaciones públicas.

Decenas de personas buscaron expresar su malestar en las calles de Montevideo desde que se agravó la situación del agua.

Algunas pancartas durante las protestas han hecho referencia al aumento de la salinidad del suministro, mientras que otras han acusado al gobierno de priorizar el uso del agua por parte de las grandes empresas frente al consumo de los ciudadanos, con leyendas como “No es sequía, es saqueo” o “El agua del pueblo no se vende, se defiende”.

En ese sentido, Raúl Viñas, meteorólogo e integrante del Movimiento por un Uruguay Sustentable (Movus), dijo a Diálogo Chino que las medidas tomadas por el gobierno ante la crisis hídrica “no fueron acertadas”.

Además, planteó que para poder solucionar el problema del abastecimiento de agua potable, es necesario llevar adelante cuatro cosas: reparar las redes de agua para evitar las enormes pérdidas que se registran, generar más reservas de agua provenientes de zonas limpias (evitando que lleguen agroquímicos y materia orgánica a los cursos de agua), buscar nuevas fuentes de agua dulce y educar.

“Tenemos que cambiar nuestra forma de pensar en el agua y entender que es un recurso finito, escaso y caro, y que si gastamos menos, vamos a tener más”, dijo Viñas.

Para el geógrafo Marcel Achkar, la crisis debería servir para entender que no es posible planificar esperando que el clima se comporte como lo ha hecho históricamente. Y además, para entender que es necesario repensar la gestión de los recursos hídricos y “diseñar planes reales con metas a mediano y largo plazo, que no sean solo un conjunto de buenas intenciones”.

 

Este artículo se publicó originalmente en la plataforma informativa Diálogo Chino.

Fuente: INTER PRESS SERVICE

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