Prestigio y referencia

CHILE: 11 DE SEPTIEMBRE 1973

Un golpe militar encabezado por Augusto Pinochet derroca a Salvador Allende y se instaura una sangrienta dictadura durante 17 años

AMERICA LATINA Y EL CARIBE 10/09/2023 En el Tapete
Salvador Allende1
Salvador Allende

En noviembre de 1970 Salvador Allende de la alianza de izquierda Unidad Popular, asumió la Presidencia de Chile tras ganar por estrecho margen las elecciones del 4 de septiembre. En su cuarta postulación presidencial se imponía frente al expresidente Jorge Alessadri del Partido Nacional y RadomioTomic de la Democracia Cristiana en un clima de radicalización política y de tensiones previas a los comicios. Su gobierno fue una coalición que se proponía cambios que habrían de suscitar el rechazo de los factores conservadores nacionales y de la política de Estados Unidos en el marco entonces de la Guerra Fría, que –luego de confrontaciones severas de índole política y social_ habrían de culminar con su derrocamiento y el mismo episodio con su muerte aún cubierto con la discusión y hasta el misterio.

 

EL GENERAL QUE REZABA ANTES DE MATAR

Manuel Salvador Ramos

“…pero, si alguna vez alcanzan a ser fuertes, con la fortaleza advenediza que da el mando social, estalla tardíamente la venganza. Por eso son tan temibles los hombres resentidos cuando el azar les coloca en el poder…” (Gregorio Marañón, Tiberio. Historia de un resentimiento)

Desde hace ya algunos años y con especialísima satisfacción he dedicado tiempo y lecturas a escudriñar tópicos del devenir chileno. Me he volcado en textos, legajos y archivos para captar y comprender episodios y es a través de esa dedicación como he llegado a valorar el alma de una sociedad marcando el rumbo de sus pasos. He leído biografías, grandes y pequeñas, y en los meandros de esas letras he palpado afanes y visiones. He conversado y discutido sobre los distintos vaivenes de su ruta histórica y nunca he podido evitar un dejo de sana envidia.

Los momentos de mi formación universitaria enmarcaron el profundo rechazo que me inspira el estigma cuarteleño en la propia génesis de nuestro país, y dentro de esa amargo tráfago siempre apareció el innoble abandono que sufrió Don Andrés Bello en Londres y como la mano de un diplomático chileno fue el gesto impensado que hizo fructificar su semilla en la tierra austral. Es posible que desde entonces haya arraigado en mí el sentimiento de expectación hacia Chile.

Dada esa presencia emotiva y ante la inmediatez de la fecha en la cual se llega al medio siglo de la implosión dolorosa, me pregunto: ¿Cuánto y qué se ha escrito sobre ella? He accedido a numerosos títulos, la mayoría de tipo autobiográfico, y ello refleja la necesidad de dejar testimonios y constancia de propias actuaciones o hechos muy concretos. Otros son los de carácter monográfico, más específicos, porque abordan un aspecto o un fragmento de la compleja época. Por último, más recientemente, los que buscan reconstituir e interpretar la visión y entregan una perspectiva de lo cual afortunadamente configura la presencia de enfoques autocríticos y ajenos al misticismo repetitivo. Pero aún así, hoy más que nunca, debe puntualizarse lo atroz de las consecuencias inmediatas al 11 de septiembre de 1973. Es imperativo que así sea porque a través de crónicas y relatos fehacientes sobre el devenir criminal del golpe pinochetista, se libra combate contra los vejámenes de hoy y se deja al descubierto como los payasos de la sangre se regodean en sus infamias. Más allá de búsquedas omnicomprensivas y de hipocresías propagandísticas, deben desnudarse realidades del presente donde se enseñorea la ferocidad disfrazada con harapos de ideología.
  
El cuerpo de toda sociedad, al igual que el ser como entidad ontológica, procrea y alberga sus propios dioses y demonios. El péndulo de las realidades que tan certeramente describió Durkheim en su momento, no solo nace en la febrilidad tropical o en los primitivismos etnográficos sino en todo sitio y lugar donde la imperfección del homo sapiens haya dejado su impronta, aunque como delineábamos en párrafos anteriores, existan espacios e historias donde la revulsión ancestral de la esencia humana encuentra cauces y canales. Es ahí, en esas abstracciones, donde brota una interrogante repetitiva: ¿en que guarida íntima se alojaban las hienas que mas allá de otros rubros de horror, asesinaron 3000 seres humanos?. Fueron muchos y variados los sepultureros de la democracia chilena, pero mas allá de la maraña que encierra los años que van desde 1970 a 1989, existe la responsabilidad de saber y entender las razones íntimas de esa explosión criminal que emergió y que nunca se presintió.

Los años llaman a la concordia y sus días transportan perdones convencionales, pero los dolores siguen presentes y para tejer la convivencia nunca podrá usarse el hilo del olvido. Por ello, quien suscribe desea usar de forma un tanto heterodoxa las líneas subsiguientes y a través de episodios diseminados mostrar, sobre todo a nuevos espectadores, como se edifica la maldad.

 

ENTREACTOS


  
El general Tulio Marambio fue un militar chileno que durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva (1964-1970) se desempeñó como Comandante General del Ejército y luego, al pasar a retiro, ocupó el Ministerio de Defensa. El diario digital El Mostrador de fecha 02 de octubre del año 2016, nos trae un episodio narrado por él:

“Refiriéndose a Augusto Pinochet, el general Tulio Marambio solía lamentarse:

—Yo tengo la culpa de que este miserable haya llegado a donde llegó.

En Chillán, en sus últimos años de vida, Marambio contaba a sus amigos que a fines de 1968, siendo él ministro de Defensa del Presidente Eduardo Frei Montalva, la Junta Calificadora de Oficiales había dado al coronel Augusto Pinochet una nota insuficiente que lo obligaba a pasar a retiro… pero entró en acción doña Lucía Hiriart.

—Vino a mi oficina, me tomó la mano y rodillas en el suelo, me rogó con lágrimas… Yo me apiadé y cedí, y ascendimos a su marido a general de brigada…”

Existen muchos ejemplos que muestran el enanismo mental y moral del oscuro personaje y de como con su compañera de vida conformó una coyunda de corrupción y ferocidad. Debe advertirse por cierto, que esa combinación tenebrosa de marido y mujer al entronizarse en el poder, ni ha sido una exclusiva praxis chilena, ni está circunscrita a escenarios pretéritos, ni tampoco es característica solo al ámbito castrense.

Particularmente elocuente es los que trasmite el periodista Juan Cristóbal Peña en su libro “La secreta vida literaria de Augusto Pinochet”:

“Augusto Pinochet, el hombre que durante 17 años dirigió con mano dura el destino de Chile, era un "intelectual limitado" que plagió los libros que escribió y que coleccionó de forma compulsiva más de 55.000 volúmenes en su biblioteca privada, valorada en más de tres millones de dólares.

Corría 1933 cuando un joven Pinochet (1915-2006) logró matricularse en la Escuela Militar tras dos intentos fallidos, uno por la prueba física, el otro por no superar los exámenes.

Veinte años después, ingresó en la Academia de Guerra, impartió clases e, incluso, decidió cursar la carrera de Derecho en la Universidad de Chile, aunque tan solo permaneció un año.

"Pinochet fue producto de las oportunidades, más que de las convicciones. En algún momento de su carrera vio la posibilidad de hacer un camino en la Academia como una forma de sobreponerse a sus limitaciones intelectuales, limitaciones de un hombre que se sabía menospreciado por sus pares en términos intelectuales".

Antes de llegar al poder (1973-1990), Pinochet escribió varios libros, todos con escasez de notas bibliográficas, entre ellos "Geopolítica". En esta obra, la más famosa de todas, llegó a plagiar a su mentor, el general de izquierdas Gregorio Rodríguez Tascón ,"al que le debía una carrera académica", cuenta Peña.

A partir de 1973, señala el autor, Pinochet "se propuso instalarse como el único hombre de la geopolítica en Chile y tal vez uno de los pocos en Latinoamérica"

Esta obsesión de Pinochet se hizo todavía más patente cuando el exiliado general Carlos Prats, su predecesor como jefe del Ejército, escribió un artículo en una publicación argentina sobre esta materia.

Prats representaba el modelo al cual Pinochet siempre quiso acercarse", el que "quiso imitar" pero nunca lo consiguió por debilidades propias del personaje. Pinochet era un hombre de un intelecto muy limitado; siempre fue un alumno del montón. Prats, por contraste, ponía al descubierto sus debilidades, ya que era un militar brillante".

Por este motivo, el asesinato de Prats, ocurrido el 30 de septiembre de 1974 en Buenos Aires a manos de agentes de la policía secreta de la dictadura de Pinochet, no fue solo "político", sino que además hubo "un factor pasional, irracional".

El Mercurio

 

Equipo de redacción

En noviembre de 1970 Salvador Allende de la alianza de izquierda Unidad Popular, asumió la Presidencia de Chile tras ganar por estrecho margen las elecciones del 4 de septiembre. En su cuarta postulación presidencial se imponía frente al expresidente Jorge Alessadri del Partido Nacional y RadomioTomic de la Democracia Cristiana en un clima de radicalización política y de tensiones previas a los comicios. Su gobierno fue una coalición que se proponía cambios que habrían de suscitar el rechazo de los factores conservadores nacionales y de la política de Estados Unidos en el marco entonces de la Guerra Fría, que –luego de confrontaciones severas de índole política y social_ habrían de culminar con su derrocamiento y el mismo episodio con su muerte aún cubierto con la discusión y hasta el misterio.

  


 

EL GENERAL QUE REZABA ANTES DE MATAR

Manuel Salvador Ramos

“…pero, si alguna vez alcanzan a ser fuertes, con la fortaleza advenediza que da el mando social, estalla tardíamente la venganza. Por eso son tan temibles los hombres resentidos cuando el azar les coloca en el poder…” (Gregorio Marañón, Tiberio. Historia de un resentimiento)

Desde hace ya algunos años y con especialísima satisfacción he dedicado tiempo y lecturas a escudriñar tópicos del devenir chileno. Me he volcado en textos, legajos y archivos para captar y comprender episodios y es a través de esa dedicación como he llegado a valorar el alma de una sociedad marcando el rumbo de sus pasos. He leído biografías, grandes y pequeñas, y en los meandros de esas letras he palpado afanes y visiones. He conversado y discutido sobre los distintos vaivenes de su ruta histórica y nunca he podido evitar un dejo de sana envidia.

Los momentos de mi formación universitaria enmarcaron el profundo rechazo que me inspira el estigma cuarteleño en la propia génesis de nuestro país, y dentro de esa amargo tráfago siempre apareció el innoble abandono que sufrió Don Andrés Bello en Londres y como la mano de un diplomático chileno fue el gesto impensado que hizo fructificar su semilla en la tierra austral. Es posible que desde entonces haya arraigado en mí el sentimiento de expectación hacia Chile.

Dada esa presencia emotiva y ante la inmediatez de la fecha en la cual se llega al medio siglo de la implosión dolorosa, me pregunto: ¿Cuánto y qué se ha escrito sobre ella? He accedido a numerosos títulos, la mayoría de tipo autobiográfico, y ello refleja la necesidad de dejar testimonios y constancia de propias actuaciones o hechos muy concretos. Otros son los de carácter monográfico, más específicos, porque abordan un aspecto o un fragmento de la compleja época. Por último, más recientemente, los que buscan reconstituir e interpretar la visión y entregan una perspectiva de lo cual afortunadamente configura la presencia de enfoques autocríticos y ajenos al misticismo repetitivo. Pero aún así, hoy más que nunca, debe puntualizarse lo atroz de las consecuencias inmediatas al 11 de septiembre de 1973. Es imperativo que así sea porque a través de crónicas y relatos fehacientes sobre el devenir criminal del golpe pinochetista, se libra combate contra los vejámenes de hoy y se deja al descubierto como los payasos de la sangre se regodean en sus infamias. Más allá de búsquedas omnicomprensivas y de hipocresías propagandísticas, deben desnudarse realidades del presente donde se enseñorea la ferocidad disfrazada con harapos de ideología.
  
El cuerpo de toda sociedad, al igual que el ser como entidad ontológica, procrea y alberga sus propios dioses y demonios. El péndulo de las realidades que tan certeramente describió Durkheim en su momento, no solo nace en la febrilidad tropical o en los primitivismos etnográficos sino en todo sitio y lugar donde la imperfección del homo sapiens haya dejado su impronta, aunque como delineábamos en párrafos anteriores, existan espacios e historias donde la revulsión ancestral de la esencia humana encuentra cauces y canales. Es ahí, en esas abstracciones, donde brota una interrogante repetitiva: ¿en que guarida íntima se alojaban las hienas que mas allá de otros rubros de horror, asesinaron 3000 seres humanos?. Fueron muchos y variados los sepultureros de la democracia chilena, pero mas allá de la maraña que encierra los años que van desde 1970 a 1989, existe la responsabilidad de saber y entender las razones íntimas de esa explosión criminal que emergió y que nunca se presintió.

Los años llaman a la concordia y sus días transportan perdones convencionales, pero los dolores siguen presentes y para tejer la convivencia nunca podrá usarse el hilo del olvido. Por ello, quien suscribe desea usar de forma un tanto heterodoxa las líneas subsiguientes y a través de episodios diseminados mostrar, sobre todo a nuevos espectadores, como se edifica la maldad.


 


ENTREACTOS


  
El general Tulio Marambio fue un militar chileno que durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva (1964-1970) se desempeñó como Comandante General del Ejército y luego, al pasar a retiro, ocupó el Ministerio de Defensa. El diario digital El Mostrador de fecha 02 de octubre del año 2016, nos trae un episodio narrado por él:

“Refiriéndose a Augusto Pinochet, el general Tulio Marambio solía lamentarse:

—Yo tengo la culpa de que este miserable haya llegado a donde llegó.

En Chillán, en sus últimos años de vida, Marambio contaba a sus amigos que a fines de 1968, siendo él ministro de Defensa del Presidente Eduardo Frei Montalva, la Junta Calificadora de Oficiales había dado al coronel Augusto Pinochet una nota insuficiente que lo obligaba a pasar a retiro… pero entró en acción doña Lucía Hiriart.

—Vino a mi oficina, me tomó la mano y rodillas en el suelo, me rogó con lágrimas… Yo me apiadé y cedí, y ascendimos a su marido a general de brigada…”

Existen muchos ejemplos que muestran el enanismo mental y moral del oscuro personaje y de como con su compañera de vida conformó una coyunda de corrupción y ferocidad. Debe advertirse por cierto, que esa combinación tenebrosa de marido y mujer al entronizarse en el poder, ni ha sido una exclusiva praxis chilena, ni está circunscrita a escenarios pretéritos, ni tampoco es característica solo al ámbito castrense.

Particularmente elocuente es los que trasmite el periodista Juan Cristóbal Peña en su libro “La secreta vida literaria de Augusto Pinochet”:

“Augusto Pinochet, el hombre que durante 17 años dirigió con mano dura el destino de Chile, era un "intelectual limitado" que plagió los libros que escribió y que coleccionó de forma compulsiva más de 55.000 volúmenes en su biblioteca privada, valorada en más de tres millones de dólares.

Corría 1933 cuando un joven Pinochet (1915-2006) logró matricularse en la Escuela Militar tras dos intentos fallidos, uno por la prueba física, el otro por no superar los exámenes.

Veinte años después, ingresó en la Academia de Guerra, impartió clases e, incluso, decidió cursar la carrera de Derecho en la Universidad de Chile, aunque tan solo permaneció un año.

"Pinochet fue producto de las oportunidades, más que de las convicciones. En algún momento de su carrera vio la posibilidad de hacer un camino en la Academia como una forma de sobreponerse a sus limitaciones intelectuales, limitaciones de un hombre que se sabía menospreciado por sus pares en términos intelectuales".

Antes de llegar al poder (1973-1990), Pinochet escribió varios libros, todos con escasez de notas bibliográficas, entre ellos "Geopolítica". En esta obra, la más famosa de todas, llegó a plagiar a su mentor, el general de izquierdas Gregorio Rodríguez Tascón ,"al que le debía una carrera académica", cuenta Peña.

A partir de 1973, señala el autor, Pinochet "se propuso instalarse como el único hombre de la geopolítica en Chile y tal vez uno de los pocos en Latinoamérica"

Esta obsesión de Pinochet se hizo todavía más patente cuando el exiliado general Carlos Prats, su predecesor como jefe del Ejército, escribió un artículo en una publicación argentina sobre esta materia.

Prats representaba el modelo al cual Pinochet siempre quiso acercarse", el que "quiso imitar" pero nunca lo consiguió por debilidades propias del personaje. Pinochet era un hombre de un intelecto muy limitado; siempre fue un alumno del montón. Prats, por contraste, ponía al descubierto sus debilidades, ya que era un militar brillante".

Por este motivo, el asesinato de Prats, ocurrido el 30 de septiembre de 1974 en Buenos Aires a manos de agentes de la policía secreta de la dictadura de Pinochet, no fue solo "político", sino que además hubo "un factor pasional, irracional".

 

Publicado en la revista EnElTapete.com

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