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EL CONSEJO DE SEGURIDAD: ¿LA DICTADURA DE LOS DEMOCRÁTICOS?

Basta con tan solo tener el consentimiento de los cinco miembros permanentes, o el rechazo de uno de ellos, para aprobar o rechazar resoluciones que marcan el destino de millones de seres humanos sin ni siquiera el consentimiento de sus gobiernos

Opinión 09/07/2023 Ahmad Taha
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Ante la mirada y el silencio cómplice del Consejo de Seguridad de la ONU, Irak fue invadido por la supuesta existencia de armas de destrucción masiva que luego resultó ser falsa alarma que causó centenares de miles de muertes, la mayoría civiles y la destrucción de todo un país y su posterior entrega encubierta, ahora pública, a Irán.

Y ante esa misma mirada y la complicidad del Consejo de Seguridad de la ONU, Israel desacata decenas de resoluciones emanadas del propio Consejo y pese a la existencia comprobada de violaciones flagrantes a los más mínimos derechos elementales de existencia del pueblo palestino. Probablemente, mientras usted está leyendo estas líneas, las fuerzas de ocupación israelí están atacando a algún poblado palestino, arrestando a jóvenes palestinos en sus casas o templos de culto (Por cierto, no diferencian entre musulmanes y católicos), requisando a niños palestinos en el camino a sus colegios, destruyendo sembradíos palestinos y/o construyendo un nuevo asentamiento judío en territorios ocupados, ¿y el Consejo de Seguridad? ¡Bien gracias!. Sobre estas prácticas israelíes pesan decenas de resoluciones sin cumplir emanadas del Consejo de Seguridad.


Basta con tan solo tener el consentimiento de los cinco miembros permanentes (entre más de 200 naciones en el mundo), o el rechazo de uno de ellos, para aprobar o rechazar resoluciones que marcan el destino de millones de seres humanos sin ni siquiera el consentimiento de sus gobiernos.
 


El Consejo de Seguridad, que se formó después del final de la Segunda Guerra Mundial, por los vencedores de esa guerra: la Unión Soviética (ahora Rusia), Francia, el Reino Unido y los Estados Unidos, es una de las instituciones internacionales más importantes, la más importante de todas, pero al mismo tiempo la más peligrosa para la paz, la estabilidad y los derechos de los países y sus pueblos.


El aparente propósito de establecer o formar este Consejo (al que China se unió a principios de los años setenta del siglo pasado, para completar el quinto miembro permanente del Consejo), era la noble causa de mantener la paz y la seguridad internacionales y todo lo relacionado con ambos objetivos, sin embargo, el verdadero objetivo pareciera ser, como el caso del resto de las instituciones de las Naciones Unidas, implementar las políticas de las grandes potencias a su conveniencia.
Entre los términos adoptados por el Consejo de Seguridad para el mantenimiento de la paz internacional y la soberanía de todos los Estados del mundo, se cuentan: desarrollo de las relaciones internacionales entre las naciones, cooperación en la solución de problemas internacionales, promoción del respeto de los derechos humanos y servir de referencia para coordinar la labor de las Naciones Unidas.


 Si todos estos anteriores conceptos llamativos e inspiradores fueran de verdad llevados a cabo sobre la base de la equidad, la justicia y el derecho, sobre todo la Declaración Universal de Derechos Humanos y la aplicación del derecho internacional, hubiésemos tenido hoy en día un mundo lleno de paz y armonía donde no habría cabida para vocabularios como injusticia, opresión, terrorismo, ocupación, etc., que reinan con el consentimiento de Consejo de Seguridad.


Lamentablemente, la realidad y lo que se ha aplicado en los conflictos y controversias que han surgido en los últimos siete decenios han sido completamente contrarias a lo antes dicho. Los conflictos se han alimentado y ardido y su intensidad varía según los intereses de las principales potencias internacionales, e incluyen matanzas, el derramamiento de sangre, la devastación, destrucción, hambre, desplazamiento de pueblos enteros e inclusive exterminios.


 Desde su fundación, el Consejo de Seguridad de la ONU no ha sido más que una plataforma para la dictadura global, a través de la cual las principales potencias controlan el destino del mundo, utilizando su derecho a vetar cualquier resolución que no esté consonante con sus políticas e intereses en sus campos globales vitales, y no con los intereses de las partes en conflicto. Estas potencias, cuyo número no excede de cinco, son las que hacen y deshacen en todo lo que ocurre sobre la tierra de guerras o conflictos, ya sea dentro de un estado, o entre dos estados, y en muchos casos las partes involucradas no tienen ninguna opinión, ni son consultadas en ninguna decisión sobre su propio destino, sino que le son impuestas, especialmente cuando se trata de una resolución de obligada aplicación según estipula el Capítulo VII de la Carta del Consejo.


 La mayoría de estas resoluciones, si no todas, se emiten contra la voluntad de los pueblos y estados afectados, o su emisión se frena a través del poderoso veto cuando contradicen los objetivos de uno de los miembros permanentes o sus aliados. No hace falta citar ejemplos, son muchos y no hay nadie en el mundo que no los conoce.


En otras palabras, es imposible que el Consejo de Seguridad emita una resolución en contra de cualquiera de los cinco miembros permanentes con derecho a veto o en contra de un aliado de éstos cinco y en caso de ser emitida, sería por hipocresía pura, y es imposible llevarla a cabo, como por ejemplo, las resoluciones emitidas y sin cumplir contra Israel (el aliado número uno e incondicional de EEUU), las emitidas y sin cumplir contra el régimen sirio (el aliado número uno e incondicional de Rusia), las emitidas y sin cumplir contra Birmania (aliado número uno de China en la persecución de la minoría musulmana), etc.


Tanto se ha hablado desde hace décadas sobre una reforma del Consejo de Seguridad sin ver hasta ahora una acción concreta, porque país que se atreve a hacerlo país que enfrentará la ira, e inclusive la guerra, de los miembros permanentes del Consejo y los estados lacayos de éstos.
Mientras tanto, los súper poderosos cinco amos del Consejo de Seguridad, dígase del mundo también, seguirán dirigiendo el destino de todos avalados por el dictador y opresivo instrumento que es el Veto, y lo hacen en nombre de la supuesta defensa de la democracia y de los derechos humanos que tanto violan.

 

Fuente: revista.eneltapete.com

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